¿Aceptación o frustración?

¿Aceptación o frustración?

Meditación activa: practicando la aceptación

En general valoro el entorno que me rodea, aprecio la naturaleza y me doy cuenta de la suerte que tengo de poder disfrutar de lo que sucede a mi alrededor.

Practicar mindfulness me ha hecho fijarme en las sombras de los árboles cuando voy caminando por la calle, cómo un remolino de hojas parece un baile improvisado, cómo se siente recibir el viento en la cara y en el pelo, el concierto que se crea cuando escuchas los coches, los pasos de la gente, el sonido de un semáforo en verde, el olor cuando paso frente a una chocolatería...soy afortunada por tener mis cincos sentidos para disfrutarlo.

(Acabo de darme cuenta que igual he sido poseída por Heidi)

La verdad es que lo que cuento aquí no suelo comentarlo con nadie.

No sé si porque no he aprendido a exteriorizar emociones profundas positivas o porque simplemente me da vergüenza. Realmente no conozco a nadie que lo haga en voz alta (por escrito siempre es más fácil). Espero que sea simple casualidad y no porque es más cómodo hablar de lo que nos molesta que de aquello que nos hace felices.

Recuerdo este verano un día que jarreaba como si estuviera cayendo el diluvio universal. Iba a quedar con una amiga a dar un paseo y obviamente cancelamos. A ver quién tenía huevos un día así. Yo estaba a cubierto en la puerta de un centro comercial, observando a mi alrededor. Algunos grabando, gente que llegaba corriendo empapada y riendo, algunos mirando al cielo como diciendo «qué hago, salgo o no salgo?, venga va!», miradas de «la que está cayendo»…Elegí practicar mindfulness mientras veía el chaparrón. ¿Y si en ese momento cojo y digo a quien estaba a mi lado: me encanta ver la lluvia, me relaja un montón el sonido?

Pues queda raro. Queda raro.

Aceptar las críticas y decidir cómo utilizarlas

Sin embargo, aunque acepto y me adapto fácilmente a situaciones que pueden parecer una faena (y no hablo de la lluvia, sino de jefes complicados o lo que conlleva el momento actual) hace poco recibí una crítica que me molestó bastante y a la vez me hizo reflexionar en qué tipo de persona creo que soy (o quiero ser) y qué tipo de persona soy cuando hablo (o me quejo) de algunos aspectos de mi vida personal.

Gracias a esta crítica me di cuenta que no siempre estaba aplicando mi máxima de aceptar, apreciar y agradecer, sino que en algunos casos me estaba sintiendo frustrada y luchaba contra ello.

Con los años he visto cómo he pasado de hacer mil actividades, ir a tropecientos conciertos, salir y entrar sin rendir cuentas a nadie, viajar un montón, salir de marcha incluso entre semana, a reducir mis viajes a un par al año con suerte (no cuento las visitas a la familia), un par de espectáculos anuales, no poder improvisar absolutamente nada y tener muy muy poco tiempo para mí.

Sabía que se reduciría al tener un hijo, obviamente, pero no de esta manera.

Y fruto de esa frustración he regalado malas contestaciones a quien una noche de cena me preguntaba si ya me iba, como si tuvieran la culpa de que me hijo no durmiera bien.

Introspección y autoanálisis

Lo que en el fondo me pasaba es que me molestaba un montón haber perdido el factor improvisación y la socialización de las que años atrás disfrutaba. 

Si me paro a pensarlo de verdad, prefiero mil veces tener menos ocio de aquel y disfrutar de un ocio diferente con mi familia. No digo que no quiera mejorarlo, sino que en realidad estoy infinitamente mejor de lo que me hago creer.

Porque aunque ya no voy a sitios de baile a darlo todo, ahora bailo con mi hijo aunque estemos en la tienda Disney y haya gente mirando.

Porque aunque ya no viajo fuera de España, estoy aprendiendo a buscar (y disfrutar muchísimo) destinos de vacaciones en los que él se lo vaya a pasar de lujo, incluso lugares de los que yo huía hace unos años.

Este verano se me ha hecho un poco bola porque no hemos viajado más que a visitar a la familia y me ha dado mucha envidia ver a la gente yendo de vacaciones. Pero es lo que ha tocado y, aunque me ha costado aceptarlo, he valorado mucho más los pequeños planes que han ido surgiendo.

Así que tengo trabajo: aprender a amar lo que es.

Y como deberes voy leer el libro de Byron Katie.

 

2 comentarios en «¿Aceptación o frustración?»

  1. Byron Katie te va a encantar!!!
    Es tan sencillo y poderosos al mismo tiempo.
    La improvisación ya te la ha traído COVID y el ERTE, así que todo va genial jejejeje
    Gracias por compartir así de bonito y sencillo.
    Un abrazo

    • Me está gustando muchísimo y sobre todo me está abriendo los ojos! Gracias por leerme y por tus palabras 🙂 Un abrazo

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.