Controlar el futuro🔮

Controlar el futuro🔮

Queremos seguridad y estabilidad

¿Por qué esa necesidad de controlar? ¿Por miedo a no estar preparada? Nos han educado para buscar seguridad y estabilidad, huir de la incertidumbre, pero en realidad hay pocas cosas de las que podemos estar 100% seguros y la vida es cambio. Podemos estar seguros de lo que estamos viviendo ahora, pero no de lo que vendrá.

Me gusta tener la cosas bajo control. Siento seguridad, confianza, tranquilidad, me hace ahorrar tiempo.

O eso intento venderme.

Porque me he dado cuenta que a veces en el proceso sufro de ansiedad, estrés, inseguridad e impaciencia. Y si además luego no sale como yo me había imaginado, frustración.

¿Depende sólo de ti? Aceptar la realidad y vivir en estado de flow

Pero si en los posts anteriores digo que no hay que intentar controlar aquello que no está en tu mano! Aunque puede parecer que defiendo algo que no hago, en realidad mi objetivo es eventualmente llegar ahí y estoy en un proceso de construcción. Creo que he mejorado, pero aún me queda un largo camino.

¿Cuándo me cuesta menos no intentar controlar y aceptar la realidad? Cuando mi acción no es decisiva para influir en el juego.

¿Cuándo me cuesta más vivir el ahora y esperar? Cuando mis acciones son un paso más. Y como soy un poquito impaciente, pues me cuesta controlarme y quiero saber qué hacer cuando me toque participar, y que sea cuanto antes si es posible.

Aquí lo que pasa es que me monto mi película de cómo va a ser, pienso en lo que haré cuando me toque salir a jugar y luego resulta que el juego tiene otras reglas que yo no esperaba, o que un jugador al final no puede participar y se me trastoca el plan y me frustro. O que directamente ni se juega, y he perdido el tiempo pensando en la estrategia en vez de vivir el presente y disfrutar lo que está pasando. No sé si me explico.

Entonces, ¿cuándo la necesidad de control me genera más ansiedad? Cuando no depende únicamente de mí.

Estoy en el proceso de aprender a dejar fluir. Alan Watts me ayuda mucho a reflexionar sobre el tema:

Tengo que decir que tengo suerte porque tengo a mi lado a alguien que a menudo deja las cosas para el último minuto (estoy convencida de que el universo nos manda señales y pone en el camino a quien necesitamos para aprender) y cuando me ve agobiada (y le agobio a él) planeando o pensando en «qué hacer si», me baja los humos: «si sucede, mi yo del futuro lo resolverá», dice. Me encanta porque tiene razón. Me llevo el zasca y ya cada vez me fastidia menos. A veces hasta me río pensando que lo he vuelto a hacer.

Y no defiendo dejar todo al azar y para el último minuto, sino en dejar que los acontecimientos sigan su curso y tomar acción cuando sea necesario (si acaso lo es).

Ejercicios y prácticas para la necesidad de control 🏄‍♀️

Hay miles de ejercicios para dejar de controlar, pero estos son algunos ejemplos de lo que yo hago.

No tienen por qué funcionarles a otros, claro. Creo que cada uno debe probar por sí mismo lo que se adapta a su personalidad y a la situación concreta.

  • El mindfulness me ayuda, porque justo va de estar presente en el aquí y ahora. Estoy aprendiendo a ser consciente cuando estoy intentando controlar el futuro y así me freno. No es mágico obviamente, pero hace años nunca me daba cuenta de cuando lo hacía y ahora cada vez más.
  • Cuando reconozco de la actitud controladora, busco razones para parar y si es necesario hago algo que me desvíe mi atención para no entrar en el bucle.
  • Reflexionar sobre mis reacciones, cuando algo no sucede como me esperaba. ¿Cómo me siento? ¿Me causa estrés? ¿Me enfado o me pongo triste? ¿Por qué reacciono así?
  • Ponerme a prueba. Un verano hice un viaje de casi 2 semanas en el que no reservamos alojamiento más que en las ciudades clave y el resto lo fuimos cogiendo sobre la marcha. Me encanta organizar viajes y escoger el alojamiento perfecto, pero sabía que un viaje así me iba a aportar un montón. Me ponía un pelín nerviosa no saber dónde iba a dormir ese día pero al final todo salía mejor de lo esperado. Es cierto que algunos de los sitios donde dormimos daban bastante pena y un poco de asquete (gallina disecada, mampara pegada con cinta aislante, muy top) pero lo recuerdo como uno de los mejores viajes de mi vida.
  • Antes de que sucediera lo del covid, mi pareja dijo que este año mejor improvisábamos con las vacaciones, que no íbamos ni a pensar el destino. Esto para mí era más difícil aún que lo anterior. Ahora me alegro de haberlo hecho así porque no me ha fastidiado tener que anularlas.

Situaciones estresantes: mi película y la realidad

Y algunas situaciones que me estresaban y cuyo desenlace no era la película que me había montado:

  • Una amiga me pidió escribir un discurso y leerlo en su boda. Me acojonaba tanto hacer el ridículo que no es que me negara, pero no demostré mucha ilusión. Pensé que me iba a pasar todo el rato llorando y que era una gran responsabilidad decir algo escrito por mí en un acto como ese. En realidad fue más una comedia, porque casi me mato de un resbalón de camino al atril y me dio tal tembleque que parecía que tenía Parkinson. Vamos, nada que ver con mi película. Lo más importante es que el discurso fue bastante bien, de eso estoy orgullosa.
  • En una reunión telefónica del trabajo, para informar y explicar un problema que estábamos teniendo, estaba de los nervios pensando que me iban a freír a preguntas que igual no sabía responder correctamente. Resultó que al final casi nadie se manifestó y hasta llegó a indignarme que no me preguntaran.
  • Este año mi hijo empezaba el cole y teníamos que buscar uno que nos gustara. Al ser una de las decisiones más importantes que tenía que tomar en mi vida, ahí estaba yo ansiosa perdida meses antes de que llegara la fecha de empezar a visitarlos, dándole vueltas y mirando en internet colegios de la zona. ¿Para qué? Si no podía hacer nada. Para estar preparada, me decía a mí misma. Lo único que hacía era perder el tiempo porque miraba y remiraba lo mismo sin llegar a ninguna conclusión. Cuando se acercó la fecha, mi nuevo objetivo era saber cuándo podíamos visitarlos y esperaba ansiosa la fecha mirando las webs de los colegios casi a diario. Nos habían recomendado uno y fue verlo y saber que era el nuestro, pero claro, como todo el mundo ve varios y hay rellenar una lista de opciones, estaba empeñada en verlos y pasé horas dando vueltas y haciendo selección. No digo que no haya que hacer todo esto, sino que el proceso me daba cierta ansiedad y sentía mucha impaciencia. Eso es lo que tengo que mejorar. Lo mejor fue que mi pareja no quería ver ninguno más, decía que no hacía falta y yo me ponía de los nervios. ¿Qué pasó? Empezó el covid y no pudimos ver ninguno más. Joder si es que creo que él viene del futuro!

Total, que me podría haber ahorrado un poquito de estrés, porque al final no sucedió como yo esperaba.

Este vídeo resume muy bien El Poder del Ahora, el libro de Eckhart Tolle, donde explica por qué debemos cambiar el foco del futuro al presente.

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