Creatividad y perfeccionismo (o autosabotaje) 🎨🔚

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Hello creatividad

Tras 15 años sin pintar un cuadro, al mudarme a mi nueva casa encontré en el buzón publicidad de una escuela de pintura. Como soy mucho de creer en las señales, no me lo pensé.

Empecé a pintar cuadros como loca, la inspiración me tenía rodeada y me llegaban mil ideas a la cabeza. Entré en un estado creativo brutal: participé en alguna exposición, vendí cuadros incluso a través de plataformas de arte (esto para mí fue lo más) y regalé otros tantos. Vivía en continuo subidón.

A pesar de ello, en ocasiones me atoraba y aparecían las inseguridades.

Necesidad de originalidad y perfección

Cuando iba a pintar un cuadro donde había mucho dibujo, lo pensaba demasiado, dudaba de si lo estaba haciendo bien y el trabajo no fluía. A esto le sumaba que siempre tenía el runrún de querer ser original, no copiar imágenes de otros sino crear desde cero.

Lo que yo hacía era buscar fotografías que me gustaran y convertirlas en cuadro. Realmente es una forma de buscar inspiración, pero yo añoraba saber reinterpretrar la imagen y hacer algo diferente. Envidiaba a aquellos que creaban algo nuevo, creía que eso era ser el artista perfecto.

Los mejores cuadros fueron aquellos en los que no pensaba tanto y me dejaba llevar. En el segundo me atasqué un poco más por las cuerdas de la guitarra, pero el resto fluyó y lo disfruté muchísimo.

Inspirada en esta foto de Wisuella

Bloqueo creativo

Se me ocurrió apuntarme a un curso de dibujo profesional pensando que me ayudaría a alcanzarlas. Y lo que hizo fue pararme en seco.

Odié el curso desde la primera semana porque era demasiado técnico (qué esperaba!?) y entre eso y el carácter del profesor, se acrecentó en mí la inseguridad que ya sentía.

Al enseñarle mis cuadros fue bastante crítico. Obviamente yo sabía que no eran obras de arte de museo, pero se dedicó a disparar todos los errores que encontraba.

Coincidía que estaba con un cuadro que me habían encargado y no lo disfruté nada, estaba deseando quitármelo de en medio.

Así que hablé con mi profesor de la escuela de pintura, intentando ocultar el dolor que sentía: ya no disfrutaba al pintar. Él intentó ayudarme, sugiriendo que probara la pintura rápida, con poco dibujo y en un soporte diferente.

En unos cartones viejos pinté estos cuadros que tengo colgados en el salón: son el final de esa etapa.

Me pasé a los libros de colorear. Así descubrí que se podía colorear y practicar mindfulness. Así entendí la paz mental con la que salía de clase de pintura.

Cuando pintaba cuadros con atención plena, sin dejarme llevar por los pensamientos y el miedo a no ser perfecta, estaba siendo yo. Estaba centrada en SER y en el presente.

Un tiempo después, me encontré al profesor del curso de dibujo y me preguntó: «¿qué tal, has dejado de pintar? «

Hace 5 años ya y no me arrepiento de la decisión que tomé al apuntarme al curso.

Ahora sé que tenía que aprender una lección que aplicaba no sólo a la pintura, sino también a mi vida: no buscar ser perfecta, dejar de intentar ser quien no soy, aceptar y potenciar mis habilidades y dejarme llevar por lo que me hace sentir bien, por mi esencia.

Vamos, SER YO en lugar de anteponer el tener un reconocimiento a la originalidad.

Aquí puedes ver algunos de los cuadros que nacieron en 5 años de creatividad.

“Los grandes artistas copian, los genios roban”.

Pablo Picasso

 

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