¿Qué es el mindfulness? ¿Para qué sirve?

¿Qué es el mindfulness? ¿Para qué sirve?

Vivir el presente

Mindfulness es un tipo de meditación también llamada atención plena. Consiste en estar plenamente atento a lo que estás haciendo, sintiendo o viviendo.

Para mí es desactivar el piloto automático con el que vivimos y dejar de ir en modo zombie. Millones de veces me ha pasado no recordar si he hecho algo que acabo de hacer hace un minuto porque estaba pensando en otra cosa.

Siempre he sido despistada y poco observadora, corriendo a todas partes y queriendo aprovechar el tiempo al máximo posible así que mientras hacía una cosa, pensaba en la siguiente. Cuando llegaba a casa, lo primero que hacía era encender la tele o poner música para no estar en silencio. Estar en silencio? Ni de coña. Necesitaba ruido, estímulos. No sé si era por no sentirme sola o realmente había algo más.

Gracias a la meditación aprendí a estar en silencio y apreciarlo. Evolucioné de necesitar ruido al llegar a casa a necesitar silencio. Me calma la mente.

Quien mucho abarca poco aprieta: ¿multitasking o mindfulness?

Siento que desde que entró internet en nuestras vidas y sobre todo los smartphones, el nivel de ruido se ha multiplicado a lo loco y queremos estar a todo. Serán teléfonos inteligentes pero nos han convertido en imbéciles. Si encima sumamos el empeño en el multitasking y optimizar el tiempo al máximo, mi nivel de concentración fue empeorando.

Siempre he pensado que la capacidad de estar pendientes de varias cosas a la vez nos viene de serie al ser mujeres. No sé si está científicamente confirmado (hay estudios que lo afirman y otros lo contradicen) pero empeñarnos en la multitarea es tirar piedras contra nuestro propio tejado. Aquí entra la carga mental, que provoca falta de concentración, ansiedad, estrés. Si a eso sumamos el trabajar en oficina, con correos entrando constantemente, gente interrumpiendo, compañeros hablando…centrarse únicamente en una cosa es todo un reto.

Tengo comprobado que ser capaz de pararme y prestar atención únicamente a lo que estoy haciendo en vez de a ochenta cosas, me aporta bienestar

Meditación formal y meditación informal

Con el libro que Hana nos recomendó comprar (Mindfulness. Guía práctica para encontrar la paz en un mundo frenético) aprendí que puedes practicar mindfulness con cualquier actividad cotidiana: lavarte los dientes, ducharte, cocinar, caminar por la calle. Esto es lo que llaman práctica informal o en movimiento. 

De hecho, el primer ejercicio del libro consiste en comerse un trozo de chocolate (mejor uno que no hayas probado nunca) y prestar atención a todo el proceso: quitar el papel, oler el chocolate, partirlo, observarlo y comerlo saboreándolo, siempre atento a las sensaciones. Sin la práctica mindfulness, al comernos un trozo de chocolate normalmente daríamos prioridad a la vista (seguramente de modo muy superficial), al olfato (probablemente sin recrearnos) y sobre todo al gusto. Con mindfulness entran los cinco sentidos en full-time job.

El otro día comiendo arándanos decidí practicarlo. Me di cuenta de 2 características en las que nunca había reparado: que son achatados por arriba y por abajo (si antes de esto me preguntas cómo son, habría dicho que son totalmente redondos) y que uno de los lados tenía forma de estrella. Me pareció precioso y pensé cómo no me había fijado nunca. Probablemente más de uno piense que es una estupidez pararse a mirarlo y que no aporta nada.

Beneficios del mindfulness

Tengo muy claro que durante las 8 semanas del programa del libro mi forma de pensar y de ver la vida y el mundo evolucionó. ¿Qué otros beneficios obtuve al practicar mindfulness?

  • bajó mi nivel de estrés y preocupación porque me ayudó a tomar perspectiva de las situaciones que me afectaban, haciendo que me centrara más en buscar soluciones antes que dejarme llevar por las emociones negativas.
  • lograba dormir mejor y más rápido (sobre todo si lo practicaba antes de irme a la cama)
  • mi estado de ánimo era más positivo
  • aumentó mi capacidad de concentración así que era capaz de gestionar mejor el tiempo
  • aprendí a escuchar a mi cuerpo. Por poner un ejemplo, soy más consciente de mi respiración y me doy cuenta cuanto el estrés me acecha y la estoy conteniendo o estoy respirando súper rápido. Esto hace que pare, respire hondo y me relaje. Antes no lo percibía.

Es cierto que en el libro no se limitan a ejercicios de mindfulness en movimiento sino que lo combinan con las meditaciones más comunes de estar sentado y respirar, y seguramente éstas aumentaron mi nivel de calma. Al final, encontrar a diario un ratito tranquilo, en silencio y respirar digo yo que relaja por narices.

Obviamente no es la solución a todos los problemas, decir eso sería ridículo.

No he eliminado el estrés de mi vida. He aprendido a gestionarlo, reduciendo sus efectos. Y tampoco voy por la vida como una happy flower sin ser consciente de la realidad. Procuro centrar el foco en lo que está en mi mano y no recrearme en lo negativo.

Como a mí lo de fijar hábitos es algo que a veces se me enquista, reconozco que al cabo de unos meses de leer el libro fui bajando la frecuencia en la práctica de meditación formal hasta llegar a usarla únicamente en momentos de estrés. Sin embargo nunca he parado de practicar mindfulness con la que llaman la práctica informal porque me he dado cuenta que la excusa del tiempo ya no era válida.

Lo fantástico es que no necesito buscar un hueco en mi día sino que lo puedo incorporar a mi vida en las actividades cotidianas.

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